viernes, 13 de marzo de 2009

Ella da buen caldo

Le gusta lo que hace y a los demás nos encanta.
La rutina le aburre, pero hay algo que no deja de hacer una vez por semana, preparar su fabuloso Caldo de Gallina.
Nunca les falla a sus fans. Natalia Isabel Mendoza Zegarra transforma su patio y sala de estar, en un lugar donde realiza su mejor acto de magia, desaparecer el hambre de los comensales que llegan a su local improvisado los días domingos. Doña Isabel a sus 66 años de edad vende caldo de Gallina, junto a esposo y nieta en su casa, ubicada en San Juan de Miraflores. A pesar de los altibajos del negocio y la economía peruana; el caldo de gallina no deja de brillar, aun a su nuevo precio de 5 nuevos soles, su público lo aclama.
Ella sola aprendió los secretos, no siempre supo sobre la gallina de los huevos de oro. Tuvo muchos empleos; humildes, sencillos y honrados. Supo lo que es lidiar con gitanos, manejar hogares ajenos a bajo precio, etc; hasta que llegó a laborar como ayudante de una caldera llamada Goya, a la cual imitó y superó.
No va a misa los domingos por la mañana, apenas la escucha por televisión mientras termina de aderezar el caldo, con una sazón tan buena y fuerte como su mirada alerta. Prefiere escuchar el sermón los sábados por la tarde, asistir lo jueves a la adoración del Santísimo, como buena cristiana;( a diferencia de su nieta a quien llama atea por ir a misa un par de veces por año y cree en Dios a su manera).
Sus manos poderosas se encargan de picar la gallina y dividir las presas, algo que no siempre supo hacer muy bien, a cocachos aprendió o mejor dicho a cortazos lo hizo.Alta, de tez morena, todo en ella es tan, fuerte, dedicada, como su trabajo, su amor, sus castigos y su atención. Para la edad que tiene su piel es tersa y suave, singular, al igual que el sabor del caldo tan suave, tan delicioso como su olor a condimentos secretos, frescos y naturales, que dan un toque especial al oler y saborear el caldo.
La Doña no usa cualquier perfume o fragancia y prefiere enfermarse a dejar de bañarse, al igual que el caldo tiene secretos para mantener ese aroma tan particular. Mayormente sus días parecen alegres como el merengue que le gusta, de Eddy Herrera, y su caminar a ritmo de cajón chinchano materno va. Si ella fuera gallina seguiría dando buen caldo.
La Sensación del caldo que prepara La Doña, no siempre habitó en San Juan de Miraflores y menos en aquella residencia. Empezó vendiendo por el Mercado de frutas de San Luís, cerca de la competencia, otros calderos; entre cajoneros, yuqueros, frente a un grifo poco ordenado, carros transitaban y la ley de la selva se ejercía, ahí es donde el caldo tiene infancia. Gran variedad de todo, precios, presas, sabores de caldo y textura del fideo. Negocio redondo para quienes venden barato, sabor agradable y sobre todo con el llamado “buen tropezón”, si no piden presa se le da menudencia y abundante fideo para que el comensal quede saciado por completo, comprendiendo a la vez que ellos realizan trabajos que demandan grandes esfuerzos físicos.
Hace aproximadamente 10 años, Doña Isabel y su esposo se despertaban a las 3:00 AM para partir rumbo a su trabajo, el cual debían poner en pie mediante parantes, toldo, bancas; 5 mesas largas, como si fuera cena d una familia de 10 personas en cada una. Robar agua de los parques era el único delito que cometían para poder trabajar, la hurtaban en bidones y evadiendo feroces perros, enormes y hambrientos. Con 5 personas más laborando bajo el mando de aquella pareja trabajadora realizaban jornadas de lunes a sábados hasta las 2:00 PM , hora en la cual ya estaban terminando de recoger el puesto, acomodando todo en el camión para regresar a casa (30 minutos de camino) y al fin hogar dulce hogar. En casa todos los días se les daba la bienvenida con la mesa del almuerzo puesta y también con la nieta puesta encima del abuelo, dando besos y abrazos a ambos. Solían decir que mejor recibimiento no podían tener, ahora que todo crece, las cosas han cambiado un poco.
Nadie tiene un cuento de hadas y Doña Chabuca no es la excepción, simplemente vive como todos nosotros y sus ojos son reflejos de cómo se siente, el nivel de fuerza en la mirada bajo con el pasar de los años pero el poder no lo pierde. Nunca tuvo mucho y valora lo que ahora tiene gracias a saber usar el don que adquirió de buena mezcla, salió adelante porque ella así lo decidió y por darle un buen futuro a sus hijos; en total debería tener 4, mas la vida le hizo trampa hace muchos años, en ocasiones diferentes, le ganó a su hija Flor Cavero de 7 años y en otra a su otro hijo Teodoro Cavero de 31 años, quien era padre de una niña de 5, la cual se quedó a cargo de sus abuelos y la hermana mayor de Teodoro. Flor yace en el cementerio El Ángel junto a su padre, primer compromiso de la señora Isabel. Mientras Teodoro descansa en casa, muy cerca de ella, en una especie de mesa de noche, dentro de una caja; de cenizas salimos y en cenizas nos convertiremos.
Deseando lo mejor para su hija mayor, tuvo que despojarse de ella y enviarla a otro continente en busca de un mejor futuro para ella y el de una pequeña de 9 años, que carecía de progenitores. Su hija la menor no vivía en casa, no creció con ellos, Doña Isabel lamenta el no poder cuidar de sus hijos como realmente lo hubiera deseado, en ciertas ocasiones hubiera querido llevar algo más que pan a la mesa. Pero ella cargando a la menor en el vientre, teniendo a su esposo, el segundo compromiso; en el extranjero no se le hacía fácil criar a sus otros dos pequeños. No tuvo más opción que encargar a la menor nacida a la señora Dora, la hermana mayor de Doña Isabel. Adapta su vida a su trabajo y no su trabajo a su vida. Sus hijos no crecieron solos, crecieron juntos.
Al partir la hija mayor a otro país, el Caldo de Gallina se traslada San Juan de Miraflores, para que los abuelos puedan estar más pendientes de la nieta y poder frecuentar mucho más que tres veces a la semana a la hija menor.Los más beneficiados desde entonces son los fiesteros de los sábados, unos prefieren comer cebiche con un montón de ají, pero no le pueden ir a tocar la puerta al que vende para que les prepare algo que los levante. En casa de Doña Isabel, el timbre en ocasiones ha llegado a sonar a las 6:00 AM, no es sorpresa si resulta ser un grupo de personas agotadas por una noche exhausta y que necesitan un reanimante o estimulante para poder volver a tomar rumbo hacia sus hogares, nada mejor que un Caldo de Gallina, acompañado por un vaso de Chicha Morada (a solo 0.50 nuevos soles, en vaso grande).Ellos comienzan la jornada cuando llegan los clientes, la nieta la empieza a las 7:30 AM.
Ya no son diez personas por mesa, en el patio entran solo cinco, en las que caben cuatro personas; en la sala de estar una mesa donde hay lugar para seis, hasta ocho comensales; la diferencia con su antiguo lugar de trabajo y sus instrumentos es muy notoria, pero a pesar de eso la atención, la sazón, el sabor, etc; no varia. Ahora solo hay tres trabajadores.Los otros días, antes de reabrir el negocio los domingos, la Chef y su esposo buscan comprar poco a poco los ingredientes para el suculento deleite de fin de semana. Papa amarilla y cebolla china en mercado más comercial y a cuenta de Lima, La Parada; si no hay tiempo por algún motivo de ir a este popular mercado, todo se compra un mercado hallado en San Juan de Miraflores, Ciudad de Dios, incluyendo los ajos, rocoto, sal, las servilletas para poner en la mesa, el maíz morado (a comienzos de semana, porque se tiene q hervir muy bien para poder hacer buena chicha y que le haga compañía al caldo los domingos), todo es comprado cerca al hogar, cuando de emergencia se trata. La Gallina no se compra en el mismo lugar, no sale a cuenta y no es igual calidad, que adquirirla en Centro de Abastecimiento de Aves o simplemente, Centro de Acopio. Rodeadas por polleros, peladores, familiares en exhibición, las gallinas esperan la hora en que alguien se las lleve, sin pensar cual será su final.Más de una vez por semana a partir de las 8:00 AM.
Don Ricardo, esposo de La Doña; es quien se dirige a comprar mercadería y de paso aprovecha para recursearse, ya que a su edad, igual a la de su esposa, no es fácil conseguir un empleo en las calles de Lima la gris. Así, llega el día sábado, ya todo está listo, papas peladas, cebolla china limpia, servilletas dobladas, ajo y rocoto preparados y solo en la noche se arregla todo para otro día de amor al trabajo. Se guarda la radio pequeña, el Discman, los Cd`s de la sala, se acomoda la mesa, en el patio uno se refleja en el piso y en la cocina aun se percibe el olor a ají y ajos que han sido licuados; apreciando los utensilios sobre el repostero, cubiertos, envases de acero inoxidables. A las 5:00 PM todo tiene que quedar a disposición para el día siguiente, pues a las cinco y media de la tarde, la señora Isabel debe terminar de alistarse para partir rumbo a la Parroquia San Esteban, cinco minutos a pie, y donde escucha la misa de los sábados, dictada por el Padre Julio.
En lo general, se encuentran reposando a las 9:00 PM, tanto sábados como domingos se echan a dormir temprano; a menos que baje la hija menor junto a su esposo y tener una merienda familiar y conversar hasta las 11: PM, o también puede suceder que Doña Chabuca, en alguna ocasión, al igual que sus clientes, salga de parranda un par de horas y celebre una fiebre de sábado por la noche. Eso no le impide realizar su misión del siguiente día, pero sí cierra establecimiento un poco más temprano, prefiere no cocinar los domingos y momentos efímeros por la tarde se recuesta en el sillón, esperando que la hija mayor llame como lo hace los domingos a las 3:00 PM.
A la pareja, el sueño le vence a las nueve y media de la noche los domingos, hora en que se despiden hasta el día siguiente, así culminan su semana.El hecho que su labor semanal haya terminado, no quiere decir que mi trabajo no continúe, pues me despedí más de una vez con una sonrisa y un beso en la mejilla diciendo un simple hasta mañana o buenas noches, como acostumbro hacer antes de ir a estudiar por la mañana o al salir de casa, y por las noches antes de recostarme en los brazos de Morfeo. Así recuerdo haberme despedido de ellos desde que tengo uso de razón, desde mis cinco años de edad en la que perdí un papá, sobre todo a mis nueve años, cuando la madre que me crió viajó. Doña Isabel y Don Ricardo dejaron de ser mis abuelos, para poder ser mis padres.