lunes, 16 de marzo de 2009

Una de las primeras veces


Todos tenemos recuerdos plasmados en nuestro ser, recuerdos que evocan nuestra esencia, que a veces por más que no queramos traerlos por un instante al presente, son parte de nosotros y marcaron nuestras vidas. Pensar que somos fruto de algunos de ellos puede que nos estremezca, porque a veces no recordamos del todo; mas es parte de nuestro existir. No podemos borrar el pasado, podemos aprender de el; mejorar el presente, y pensar en el misterio que nos espera por futuro.

Creo que a diferencia de algunos, ella tardó un poco más de tres o cuatro años en descubrir que alguien había fallecido o en que la noticia le fuera notificada, no le dijo adiós, pero ahora tampoco quiere hacerlo porque sabe que está con ella en algún lugar.7 de Junio de 1994, supongo que era pasado el mediodía, pues me cuenta que la salida del nido solía ser a esa hora. Disfrazada de enfermera, por ser día de la bandera, iba saltando de un lado a otro, con dirección a casa; sosteniéndole la mano a quien la había criado toda su vida y a quien dice amar con todo su ser, se llama Mamá, es la hermana de su padre biológico, y a ella, a diferencia de otras madres, solo le faltó traerla al mundo. Cometieron y cometen errores, lo han confesado; mas ese día sin querer equivocarse y opacar la sonrisa de una niña que iba a cumplir 5 años en una semana, Mamá se vio obligada a usar su último recurso, una mentira piadosa, un detalle sutil que mantendría en su niña una sonrisa vigente por algunos años más.
Estoy sentada frente a ella y los recuerdos que ahora busca dice que son parte de una película mal grabada. En su memoria se pierden algunas conexiones lógicas entre el momento que andaba por la calle con Mamá, las imágenes se van distorsionando y luego se ve sentada en la parte superior de la escalera sosteniendo aquel gorro de enfermera, preguntando por Papá, como solía hacer todos los días al llegar de “clases”. Irónico porque no había razón para cuestionar su paradero, pues de un tiempo a acá el padre residía en el Hospital María Auxiliadora, en el último cuarto de la mano derecha del quinto piso, área a la que llamaban neoplásicas, palabra que desconocía por completo, a pesar de su “condición de enfermera”, y que luego de unos años conocería el significado. En aquel lugar del último piso es donde aguardaba su papá, su futuro ángel de la guarda.
Ese día obtuvo una respuesta diferente a la pregunta casi diaria. A su materia gris dice que le llega mucha información borrosa, saltan oraciones dispersas pero desempeña una en especial; “tu papá se ha ido de viaje”, luego menciona que fue a Italia, país en donde estaban sus tíos y su madrina, le dijeron que Papá iba a trabajar para mandarle juguetes, porque faltaba muy poco para que la “pequeña reina de la casa” cumpliera 5 años.
Pasaban los días, los meses; de Italia llegaban regalos y postales firmados por Papá, con el pasar del tiempo supo que su madrina los firmaba por él. Los años empezaron a transcurrir, de Italia no llegaba nada para la niña y el teléfono nunca sonaba. Solo volvía escuchar de Papá cuando Mamá y los abuelos le pedían que rece por él, en casa y en misa.
Pasan aproximadamente 5 años, la niña empieza a sospechar que el viaje que emprendió su padre pudo ser uno sin regreso, a un lugar muy lejano, donde ella también irá algún día, cuando el final de la línea de vida se cruce con el de Papá.
Terminaba el mes de agosto de 1999 y Mamá necesitaba conversar con la pequeña antes de viajar por un futuro mejor, a fines de septiembre se iba a Italia. Así que decidió salir a pasear como solían hacer los fines de semanas, pero esta vez hubo un ligero cambio, se sentaron en las escaleras de una iglesia, frente al parque Kennedy; en momentos así dice no recordar el rostro de Mamá, sobretodo al dar ese tipo de noticias, de repente porque no la miró, o lo hizo por tan solo un momento, mas uno nunca quiere ver a Mamá triste, pues al parecer en ese instante su solución habrá sido bajar la mirada y escuchar palabras que le dolieron, que a la vez eran algo que sospechaba y esperaba. Papá había fallecido el 9 de Junio de 1994, casi una semana antes de su cumpleaños.Al recibir la noticia, la niña no derramó gota alguna en primer instante. Mamá si lo hizo, dijo que no hay nada de malo en llorar, y que si quería hacerlo era normal. No reaccionó hasta sentir uno de sus profundos abrazos; esos abrazos que te dicen, “estoy contigo”, “te quiero, te cuido y nunca te voy a dejar”, “libera tu alma sin miedo, porque estoy aquí”. Eso hizo, lloró por un adiós que no pudo dar, lloró porque él era su papá, sollozó por los sueños que siempre tenía y que sentía tan reales. Comenta que aquel líquido salado siguió brotando de sus ojos; no pasa por su mente el instante en que se detuvo, mas creo que en algún momento lo hizo, lo tuvo que hacer.
Ya pasaron 15 años y creo que todavía, de vez en cuando; me miro al espejo, veo a esa pequeña y llueve sobre mi ventana. Pero los rayos de sol que siempre me alumbran y el loco que ve a través de mi ventana, no dejan que las lluvias me inunden.